Todas las mañanas nos levantamos muy temprano en casa. Nos aseamos, nos vestimos y emprendemos nuestra jornada laboral iniciando el camino hacia la Ciudad. Es una vida normal, rutinaria: nosotros al trabajo y la nena a la guardería. Y cada día es, más o menos, igual.
A veces pienso qué pasaría si algún día el lugar donde vivimos y trabajamos fuera asolado por algún tipo de catástrofe, ya sea natural o creada por el hombre. Estoy seguro que todo cambiaría…
Como decía, hoy concretamente, me senté donde todas las mañanas, con mi bocadillo mini de queso y mi café con leche y desplegué la portada de uno de los periódicos locales. Vi una foto, que ocupaba más de la mitad de la portada y, esperando que no fuera lo que evidentemente parecía, leí a toda prisa el texto…
Fue inevitable contener un cóctel de sentimientos: impotencia, rabia, tristeza y, por qué no, algo de culpa y finalmente desolación. Otro niño había sido víctima de este mundo plagado de miserables que hemos creado y consentimos entre todos.
Y pienso ¿puedo hacer algo? mucha gente dirá que no, incluso lo gritarían a los cuatro vientos; pero sí que se pueden hacer algunas cosas: para comenzar cada x cantidad de tiempo tenemos la posibilidad de poner un voto en una urna. Este hecho, básico en las democracias modernas, ya es hacer algo.
No me voy a recrear publicando una imagen que ha dado la vuelta al mundo, que todos ya conocemos, y que representa un parte ínfima de todas las injusticias y miserias que ocurren en este planeta… Pero quiero utilizar este pequeño espacio que comparto con el mundo para invitar a la reflexión, para que esto recaiga en nuestras conciencias, aunque pensemos que no va con nosotros y que la culpa es de otros; y que pensemos muy bien en quienes nos rodean al tomar nuestras decisiones, porque, por ínfimas que nos parezcan, pueden afectar a los demás…y de hecho lo hacen.
Narciso, ayer
Cuando pensé en el título de esta entrada, me dije “van a pensar que hablo de los griegos… los de antes, no los de ahora”; entonces le añadí lo del palo de selfie, para que llamara más la atención… Aunque en realidad, sí voy a empezar hablando de los griegos y de los romanos… pero poco. ¿Qué tendrán que ver con el palo de selfie? Tendrás que seguir leyendo, lo siento…
Jan Cossiers [Public domain], via la Wikimedia CommonsSegún la mitología griega, Narciso era un joven hermoso que rechazaba el amor de todos sus pretendientes, hasta que un día se vio reflejado en un estanque (arroyo o fuente, según versión) y se quedó fascinado de su belleza, enamorándose de su propia imagen. Al no poder poseerse a sí mismo, acabó lanzándose al agua y se ahogó. En ese lugar creció una flor a la que se llamó narciso.
Esta historia varía un poco según versión. La más conocida es la romana, escrita por Ovidio.
La psicología se basó en este mito para definir el comportamiento narcisista, con el que básicamente uno sobrestima sus capacidades y habilidades porque tiene la necesidad de conseguir la admiración y la aprobación de los demás. También puede ser una patología relacionada con los desórdenes de la personalidad.
La definición según la RAE es: “Excesiva complacencia en la consideración de las propias facultades u obras.”
Según estas definiciones, estaríamos todos un poco locos…
Las redes sociales
El auge de las redes sociales resulta ser un espacio idóneo para practicar el narcisismo. Sin la intención de generalizar, la tendencia es publicar todo lo que nos enorgullece, y esto es para algunas personas, según perfil personal o profesional, todo: éxitos laborales, viajes que hacemos, parejas, hijos, familia, nuestras posesiones, la puntuación de los juegos a los que jugamos y todos nuestros gustos y preferencias. Sí es verdad que hay gente que comparte sus miserias también.
La idea de este post no es descalificar la revolución en la comunicación que aportan las redes sociales, sino más bien hacer una reflexión sobre el uso que hacemos de estas y algunas consecuencias conocidas, desconocidas y previsibles. Por ejemplo: ¿Alguien se puso a pensar que les estamos regalando una gran cantidad de información de nuestros hijos a Zuckerberg (Facebook), Page (Google), o a los sucesores de Jobs (Apple)? ¿Acaso nuestros hijos nos han autorizado a publicar momentos de su infancia en Facebook? Los estamos arrastrando dentro de nuestro propio narcisismo.
Está claro que decidimos quién forma parte de nuestros contactos, “amigos”, etc… pero la información queda en poder de los propietarios del portal ¡y para siempre! No creo que tengamos la intención de hacer o hacernos daño, pero pienso que muchas publicaciones tienen una clara intención narcisista: necesitamos la aprobación de la humanidad. ¿Y los perfiles? A nadie de los que conocen se le habrá ocurrido poner información falsa en el perfil ¿no…?
Nos hemos convertido en pequeñas empresas que publican un balance general de todos sus éxitos (y fracasos a veces…).
El palo de “selfie”
Otra de las patas del narcisismo es este “nuevo” artilugio ¿¡Qué gran invento para exaltar nuestro ego, no!? (después del Photoshop y su capacidad para manipular fotos, claro).
Pensemos un poco. Está bien hacerse autorretratos, lo hemos visto a lo largo de la historia y gracias a estos conocemos el aspecto de muchos artistas y gente de otros tiempos… o al menos el que nos querían transmitir. Los teléfonos móviles tienen cámaras para hacernos fotos o grabarnos; bien porque podemos hacer videollamadas además… Pero el auge del selfie ha hecho resurgir este palo para autorretratarse, que según algunas fuentes tiene casi 100 años.
Es muy gracioso ver a los turistas que visitan Barcelona con sus palos de selfie a cuestas, para garantizarse a sí mismos un lugar destacado en todas las fotos de los lugares que visitan. ¡Y lo más importante! Tiene que estar colgado en las redes sociales para que sus amigos les pongan miles de “like” de manera inmediata… La cuestión no es hacerse un retrato frente a un sitio destacado, sino más bien estar más pendiente de poner esa información en línea en tiempo real y que los demás nos digan (o piensen) “¡Que envidia!”
Lo que pretendo exponer es que uno de los objetos que se ha puesto de moda en los últimos tiempos, es un gadget que nos permite autorretratarnos, y al parecer es una cosa muy necesaria para conseguir una especie de reafirmación de nuestra personalidad, pero dirigida a los demás.
Entre las tantas lecturas que puede tener el fenómeno selfie podemos percibir un vestigio de soledad también, considerando que necesitamos hacernos fotos con un palo… y posiblemente esa sea una de las grandes contradicciones de las redes sociales: somos seres que nos «hiperautoexponemos» , que tenemos decenas (¡o cientos!) de amigos en las redes sociales, pero al mismo tiempo en el mundo físico podemos llegar a estar solos… acompañados por nuestro móvil y nuestro palo de selfie, claro…
Narciso, hoy
Lo que está claro, basándonos en las reflexiones anteriores, es que si Narciso viviera hoy ya no se moriría al ver su imagen reflejada en un estanque. De hecho, se conocería muy bien a sí mismo casi desde su nacimiento… al menos físicamente; en su adolescencia tendría perfiles en todas las redes sociales con muchas fotos de él acompañado de sus amigos y amigas. El hecho sería que podría enamorarse de sí mismo, pero quizá no se moriría de amor al encontrarse frente a un desconocido como le pasaba al griego o al romano… Aunque los psicólogos tendrían que buscarle otro nombre a este tipo de comportamiento… y la flor, con toda seguridad, se llamaría de otra manera…
¡A que me ha quedado interesante el post! ¡La verdad es que cada día escribo mejor!
Llevo tiempo queriendo escribir sobre esta escena, y la reciente e inesperada desaparición de Robin Williams me ha motivado a hacerlo.
Algo de Williams…
By Steve Jurvetson from Menlo Park, USA [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)%5D, via Wikimedia CommonsSiempre digo que las personas quedan vivas a través de sus obras, sus actos, todo lo que han aportado a su entorno: seres queridos, gente con la que se relacionaron profesional y personalmente… y en el caso de los actores, esta trascendencia es mucho más tangible, por el nivel de exposición que tienen y por los hábitos que tenemos para consumir, disfrutar o reflexionar sobre sus performances. Admito que Robin Williams no estaba entre mis actores favoritos, pero sí reconozco su versátil capacidad interpretativa, además de que me han llegado varios de sus personajes, como el Sean Maguire de Good Will Hunting o el John Keating de Dead Poets Society.
Creo que la mejor manera de recordar a un comediante, es a través de una de sus mejores secuencias, la que justamente está dirigida por otro grande, Woody Allen, y que pertenece a la película Deconstructing Harry.
Desenfocado…
Encontramos esta secuencia en esta constante autobiografía que es la obra de Allen, al menos en la mayoría de sus filmes. En la película, Harry (Allen) es un exitoso escritor que utiliza a personas y hechos reales de su vida para escribir sus historias. Esto lo convierte en un hombre odiado y solitario, y por esta razón, no tiene a nadie que le acompañe a un homenaje que le harán en la universidad de la cual lo echaron. Ya he hablado en otra entrada de esta versión libre de Fresas salvajes (Ingmar Bergman, 1957) del neoyorquino, concretamente de la escena del descenso a los infiernos; pero este fragmento en concreto, destaca como una confesión que nos hace un artista que se siente incomprendido por su entorno. Está claro que en EEUU se reconoce a Allen como un gran director, pero su obra siempre ha sido mucho más valorada fuera de su país. Inteligente, irónica, con la acidez habitual de la artillería narrativa Allen, un alter-Allen-Williams interpreta a Mel, un actor que misteriosamente, comienza a desenfocarse.
Después de verla, se nos plantean varias reflexiones ¿Quién no se sintió alguna vez desenfocado? ¿Debemos ponernos gafas para adaptarnos a ciertas distorsiones? ¿Podemos ser diferentes en un mundo que tiende a homogeneizarnos y estandarizarnos? Allen habla de la vida a través de sí mismo, su experiencia, su imaginación y su gran sentido del humor. El desenfoque como metáfora audiovisual de una falta de sintonía con sus interlocutores, cierto tipo de público (o personajes en la peli) que prefieren no esforzarse para entenderlo; y dentro del mismo mensaje, un receptor que debe adaptarse, aunque le incomode, a lo que se le tiene que decir. Hay por un lado una especie de autoritarismo cultural, y por el otro un público que prefiere consumir palomitas a golpe de efecto que a reflexionar un poco sobre lo que le rodea (generalizo con las palomitas, como podría hablar de cualquier tipo de manifestación cultural comercial).
Muchas veces la sociedad castiga a los individuos con identidad, que destacan de alguna manera, que desenfocan, especialmente cuando la gente no entiende bien lo que hacen. Si es un futbolista, o un corredor de fórmula uno, o un tenista, no, porque es divertido y estimula otras pasiones; pero si es un artista que transgrede desde una obra sincera, directa y carente de efectos vacuos, suele molestar ¡Y más aún cuando apunta directo a tu persona, costumbres, entorno…! Sí, esto se aplica a la vida de las personas, no nos olvidemos que el arte imita a la vida… Todo el que no encaja dentro de una estructura está desenfocado. Hay que hacer lo que hacen los demás… Aunque para mí tiene mucho más valor la persona que cree en sí misma y en sus sueños, a pesar de que el mundo crea que es un delirante.
Estas eran las primeras palabras (en off) que escuchábamos en presentación de la serie “Viaje a las estrellas” (Star Trek / aka Star Trek TOS, 1966-1969) en la versión que veíamos en Argentina (“La conquista del espacio” en España) [1]. Luego aparecía una nave, la Enterprise, atravesando el espacio a toda velocidad.
Todas las tardes, contaba los minutos que faltaban para ver un nuevo capítulo de esta aventura espacial en mi televisor blanco y negro de válvulas (curioso, siempre se quemaba la del sonido…). A mediados/finales de los 70’, yo era un niño con mucha imaginación, justamente estimulada por este tipo de series. Siempre me gustó la ciencia ficción, de hecho estudié cine porque era mi género favorito hasta pasada la adolescencia. Después aprendí que el género es un envoltorio, un contexto que sirve para contar una buena historia, y la ciencia ficción, a veces mal considerada un género menor, nos ha regalado grandes historias: Metrópolis, 2001: Una Odisea del espacio, Alien, Blade Runner, Matrix, E.T. El extraterrestre… sólo por nombrar las más conocidas.
Volviendo a Star Trek, a pesar de la palabra “conquista” al comienzo, y de que esta primera versión de un hipotético futuro era un poco menos “tolerante” comparada con su saga, se estaba abriendo un nuevo camino con un mensaje conciliador. El mundo vivía en plena guerra fría, aún eran tiempos de prejuicios raciales, pero por el contrario, en esta nave, convivían seres humanos de varias naciones, razas y hasta un extraterrestre, Spock, mitad humano y mitad vulcano. También había una Federación Unida de Planetas… un cóctel que conformaba una especie de utopía de convivencia y colaboración universal, surgida de la mente de Gene Roddenberry. Claro que vista en perspectiva, esta utopía puede ser discutible en su concepción y naturaleza, pero se ha de valorar este aspecto, ya que había series contemporáneas que adoctrinaban sin sutilezas sobre quiénes eran los buenos y quiénes los malos.
Un Trekkie Uno no andaba diciendo por ahí que era fan de Star Trek y sus sagas… y mucho menos cuando llegabas a la adolescencia…¡y mucho menos todavía si eras un adulto en toda regla…! Si hacías esto, normalmente te consideraban un tipo raro, la verdad… ese tipo de gente a la que luego se le daría el nombre de friki (freak).
Si los frikis se clasificaran en subcategorías, lo más normal es que a un fan de Star Trek se le llamase trekkie (o trekker, hay discusiones sobre si son sinónimos). Pero lo que realmente me ha asombrado al investigar para este post, es que la serie ha tenido tal trascendencia, que el término trekkie se ha incorporado al Diccionario de Oxford: “informal – A fan of the US science fiction television programme Star Trek.” (informal – Un fan de la serie estadounidense de ciencia ficción Star Trek).
Siguiendo en la línea de mis confesiones sobre mi fascinación por el universo Star Trek, expongo a continuación una serie de afirmaciones, pensamientos y reflexiones que confirman aún más que soy un trekkie (¡y un friki además por escribir esto!)… eso sí, sólo seguí las series y las pelis hasta el año 2000, si es que esto sirve como atenuante…
Aunque hoy en día, y más con la irrupción de la versión aggiornada del nuevo genio audiovisual J.J.Abrams (ejem…), asombrosos efectos especiales, actores y actrices guapos, el universo Star Trek se ha vuelto algo bastante más aceptado (..y desvirtuado, según mi opinión).
Sí, soy culpable de ser trekkie:
– Cuando pienso en las primeras notas de la música de Alexander Courage
– Cuando veo a William Shatner, incluso en Boston Legal, y pienso que es el Capitán Kirk
– Cuando voy por la autopista con mi coche y creo ir a Warp 5, 6 ó 7
– Cuando entiendo todos los chistes de “The Big Bang Theory” relacionados con el tema
– Cuando noto que soy uno de los pocos que se ríen al comienzo de Kill Bill 1 (Q. Tarantino, 2003) [2]
– Por haber ido a una convención trekkie (¡sólo una vez!)
– Por tener el sonido del intercomunicador del primer Enterprise en los avisos de mi móvil
– Por tener un app de Star Trek en mi móvil (¡…y porque no encontré más!)
– Por haber visto prácticamente todos los capítulos y las películas de toda la saga hasta el año 2001 (con unas cuantas excepciones a partir de aquí)
– Porque cuando estoy esperando el autobús o el metro pienso “transporte para uno” [3] (y antecedido del sonido del intercomunicador, por supuesto)
– Porque cuando veo un vehículo pienso qué versión del Enterprise será: NCC1701-X
– Cuando en ciertos contextos pienso: “Somos los Borg y vamos a asimilarlos. Resistirse es fútil” [4]
– Cuando en cualquier objeto redondo veo el plato del Enterprise
– Porque cuando salgo con mi coche desde el párquing, imagino que es el hangar de una estación espacial
– Porque cuando me siento en un sillón cómodo creo que estoy en el puente del Enterprise:
-“¡Preparen torpedos protón!”
-“Uhura: póngame con el mando de la Flota Estelar”
Y lo peor de todo, es que coincido en varias cosas con esta guía “How to Be a Trekkie” (en inglés), así que si te quedaste con ganas de convertirte en un trekkie 100%, puedes echarle un vistazo. Yo, como ha quedado claro en este post, lo soy sin atenuantes.
Christian Flavio Tasso
[1]Es curioso que la versión latinoamericana traduzca literalmente el nombre de la serie, pero no esta primera frase de la presentación, que en la versión española sí es bastante similar a lo que se dice en inglés… aunque en España la serie se llamó «La conquista del espacio»…
Aquí las presentaciones de España y EEUU: Versión en España Versión original en inglés
[2] Sobre negro se lee: «Revenge is a dish best served cold -Old Klingon Proverb-”. “La venganza es un plato que se sirve mejor frío.” (para que un segundo después se lea) “-Viejo proverbio Klingon-.”, frase que Tarantino tomó prestada de Star Trek II – La ira de Khan. Cualquier conocedor de la existencia de la raza Klingon, personajes ficticios de Star Trek, tuvo que haber reaccionado de alguna manera en el cine al ver esta intro.
[3] Es mi propia versión, claro. En la serie era: “Beam me up Scotty!” (Cap. Kirk)
[4] Es mi propia versión, claro. Realmente sería así “We are the Borg. Lower your shields and surrender your ships. We will add your biological and technological distinctiveness to our own. Your culture will adapt to service us. Resistance is futile.” (“Somos los Borg. Bajen sus escudos y rindan sus naves. Añadiremos sus peculiaridades biológicas y tecnológicas a las nuestras. Su cultura se adaptará para servirnos. Resistirse es fútil”)
Un apasionado: Jesucristo
¡Bueno! ¡Bueno! ¡Bueno! ¡Ya empezamos! Ustedes se preguntarán ¿Qué le pasa a este tipo (o algo similar), que dijo en la primera parte de la entrada que no era demasiado religioso y ahora escribe sobre Jesús…? La verdad es que no soy nada religioso, aunque formalmente soy cristiano. Sí, tomé la comunión. El hecho de no ser practicante cristiano, no significa que no pueda admirar a algunos personajes de esta y otras religiones, y Jesucristo es un personaje que me llama poderosamente la atención y por el que siento especial admiración. Como hombre (humano), claro.
Intento ponerme en contexto. Hace dos mil años más o menos, un hombre judío, nacido en un hogar humilde, en una época donde te mataban si no seguías unos preceptos, costumbres y eras más o menos sumiso, aportó algo nuevo. Él, convencido de que traía la palabra de Dios, comenzó a predicar un mensaje de paz, unión y tolerancia… pero ese no fue su único mérito, porque había muchos que lo hacían por entonces, sino que además, lo escuchaban y tenía seguidores. Tan lejos llegó su mensaje y tanto caló en la gente, que terminaron matándolo por aquello. Y la prueba es que aún hoy, seguimos hablando de él. Eso se llama pasión. Creo que es una de las cosas que más debiera de transmitir una religión: la posibilidad real de vivir una vida apasionada, plena… Creer en algo y llevarlo hasta las últimas consecuencias (siempre que sea algo positivo, claro)… Pero, de cara al marketing, les sirvió más la imagen de un hombre desangrándose en una cruz, un tipo de ejecución normal por aquel entonces, para recordarnos que debemos padecer para ser merecedores de la aceptación este Dios. Y aquí me permito recomendar dos obras inspiradoras sobre este tema: “El evangelio según Jesucristo” del gran José Saramago y “La última tentación de Cristo” de Scorsese. Ambas enfocan a Jesucristo desde un punto de vista más humano, pero con respeto al mérito de su obra y a su inspiración.
Con respecto a Jesucristo, concluyo que, el resultado de las acciones de un hombre apasionado que murió por lo que creía, es una institución ociosa, que acumula riquezas, es intolerante, pregona que debemos ser castigados por muchos de nuestros actos y no vive en el mundo real. O sea, cometen, como institución, varios de los pecados capitales que les exigen no cometer a sus fieles (Soberbia, Gula, Avaricia…y sin ser demasiado riguroso, recuerden que no voy a la iglesia…). Salvo por algunos religiosos apasionados, que están cerca de la gente y les aportan soluciones terrenales, poca pasión transmite esta institución, además del sermón que repiten todos los domingos.
Y para Pasión, este excelente video de Metallica inspirado en el pintor flamenco El Bosco:
Por cierto, me quedé en pleno éxtasis al ver “El jardín de las delicias” de El Bosco en El Prado… Ese hombre, además de estar muy mal de la cabeza para tener esa imaginación, sin lugar a dudas estaba apasionado.
Hablando de música.
Los que siguen mis entradas (que no son muchos, ni son muchas), sabrán que tengo una especial sensibilidad por la música y un gusto bastante heterogéneo. Escribo en varias entradas sobre este tema. La música es una manifestación artística, terreno fértil para expresar diferentes pasiones por todo: mujeres, hombres, ciudades, dioses, lugares emblemáticos, furias varias… etc. A mí me gusta la música que sale y se interpreta desde el alma, o desde las vísceras, o desde el corazón, y me interesa saber qué me cuentan, por lo que le doy especial importancia a la letra, aunque hay músicas que no necesitan demasiada letra para ser intensas. Es destacable el hecho de que varias de las canciones más trascendentes de la segunda mitad del siglo XX, tengan inspiración religiosa. Aunque algunos de sus autores se empecinen en decir que hablan de otra cosa, tienen claras alusiones al discurso cristiano, incluso, desde sus títulos: “Stairway to Heaven”, “Losing my Religion”, “One” (y prácticamente toda la obra de U2), etc. Y justamente, ya que estamos con U2, hay una versión de “One” que me parece especialmente inspirada, y que cada vez que la escucho, me hace sentir, por unos segundos, que existe un Dios. Es la interpretada por Mary J. Blige. Intensa y apasionada:
¡Que sí! ¡que sí…! ya sé que la filantropía de Bono está en cuestión, lo cual puede desacreditar sus intenciones, y que yo, personalmente, no he escuchado otra canción de Mary J. Blige que alcanzara este nivel de pasión; pero a veces la magia se da mezclando ciertos ingredientes, que aquí funcionan muy bien.
Sí, la música, y el arte en general, son maneras de evangelizar cuando no funcionan los canales tradicionales.
Y por cierto, agradezco al jefazo de una empresa que me pidió hace varios años que la incluyera en un trabajo que nos encargó. Hasta ese momento, la versión de “One” de Achtung Baby, era la única que conocía y ya me gustaba bastante.
¿¡Que si hay más cosas!?
Todos los días vemos pasión a nuestro alrededor. Todas las definiciones de pasión, por cierto… Gente que lucha por una causa justa, otra que intenta alcanzar sus sueños, muchos que son apasionados por amor… a algo o a alguien. Y gente que hace su trabajo con pasión. Es parte de la naturaleza humana, y se repite a lo largo de toda la historia de nuestra especie.
Pero lo que quiero destacar, ya que lo veo asiduamente y lo practico también, es un tipo de pasión empaquetada. Intento explicarme: nos están organizando la vida y nos hemos vuelto adictos a una serie de dispositivos que parecen acercarnos a aquello que queremos ser (o que nos hacen creer que debemos ser), pero que no somos. Veo a la gente en el tren, todos sumisos, con la cabeza baja, como si estuvieran rezando, pero en realidad rendidos a una tecnología impuesta, aunque escogida a voluntad por nosotros, e intercambiando información personal por aplicaciones pasatistas. Literalmente, nos dan caramelitos a cambio de nuestros datos para que los ayudemos a segmentarnos como posibles consumidores ¿Y dónde ha quedado relegada nuestra pasión? Yo no lo sé. Puede que un tren no sea el lugar idóneo para manifestarla, de acuerdo, pero percibo que es un comportamiento que se extiende a todos los ámbitos de nuestra vida. Una especie de desánimo generalizado…
Me paro a pensar dónde podríamos estar dentro de algunos años si nos apasionaran más nuestros propios sueños… tomaríamos decisiones diferentes…
Y como he dicho al principio de esta entrada, trato de expresar situaciones que me han parecido más o menos apasionadas, sobre gente que transmite (o no en algún caso) pasión. No busco dar una definición rigurosa, sino más bien impresiones y sensaciones abiertas, cuestionables y subjetivas.
Ah, y sobre lo que prometí al comienzo sobre dónde y cuándo creí sentir pasión, voy a jugar de nuevo la carta comodín de J.J. Abrams en Perdidos (y de todo en lo que participó posteriormente): Se “comieron” toda la entrada, y esto se acaba aquí. Ahora cada un@ puede sacar sus propias conclusiones, o contarme cuándo sintieron pasión ustedes.