35 – Me verás volver…

Secuencia inicial
Corría la segunda mitad de la década de 1980. Yo, aún adolescente, estaba buscando mi identidad musical. Tengo que admitir que no me gustaba la música argentina. No me pregunten por qué: si era porque me costaba acostumbrarme a canciones de rock y pop cantadas en castellano, o porque simplemente no me llegaba, o no la entendía. Además también recuerdo una discusión, quizá un poco anterior en el tiempo, que cuestionaba la existencia de un denominado “rock nacional”… (¡ja!). Sí, tenemos esa manía de querer catalogar todo, y cuando algo no encaja, cuestionarlo y perdernos en discusiones cosméticas en vez de disfrutarlo…

Entre caníbales
La importante es que entre mediados y finales de la década de 1980, con la apertura musical (y cultural en general) post dictadura que hubo en Argentina, empezamos a escuchar cosas nuevas, menos convencionales, muchas de ellas llegadas de Europa, en especial del Reino Unido (otro prejuicio: mezclar cultura con conflictos territoriales, manipulados a conveniencia por los gobiernos). Y esa música, que no era fácil de digerir para todo el mundo, llegaba a mis oídos a través de mis amigos de aquel momento. Era curioso, porque podías encontrarte, a grandes rasgos, tres tipos de tribus urbanas que frecuentábamos diferentes locales bailables: a los que les gustaba la música comercial, casposa y naif de los 80 (es una opinión personal, sin ánimo de ofender a nadie, y una opción válida); a los que les gustaba el rock and roll, cuyo buque insignia eran los Rolling Stones; y a los que nos gustaba The Cure y todas estas bandas “new wave” de aquel momento. Por alguna razón que desconozco, los “stones” odiaban a muerte a los “dark”.

Y en este contexto cambiante de nueva etapa democrática, con la ausencia de las restricciones y represiones propias de una dictadura, comienzan a aflorar nuevas bandas nacionales, que conviven con las más antiguas, y hay otras que evolucionan gracias a las nuevas influencias de aquel momento. Así es como percibí y percibo yo el comienzo de mi relación con Soda Stereo.

Ángeles eléctricos
Soda Stereo Circa 1984Creo que el primer tema que llegó a mis manos fue “Prófugos”. Me lo habían grabado en un cassette, con otras canciones “alternativas” de la época. Aquí podría tentarme y decir que fue amor a primera vista, pero no, nunca fui un verdadero fan de Soda Stereo… de hecho, ya me costaba comprar con el nombre que tenían… Pero pasaron los años y como un buen vino que necesita su momento y un bebedor que lo encuentra, Soda Stereo volvió a encontrarme y supe apreciar mucho su música. Muy posiblemente haya sido por afinidad con lo que escuchaba por aquel entonces, y seguro, por las constantes alusiones cinematográficas de sus canciones.

Me verás volar
Diciembre de 1991, faltaban pocos días para que acabe el año. Me hubiera gustado estar allí, pero no fue así. Lo vi por TV. Soda Stereo, en un inolvidable concierto gratuito en la avenida 9 de julio de Buenos Aires, congregaba a 250000 personas. El concierto fue extraordinario, inolvidable, un hito dentro de la historia de la música argentina. Parecía imposible poder llegar más alto…

Esa noche, yo fui a bailar a una de las discotecas de moda de aquel momento. Se llamaba Mix, si no me equivoco, y estaba situada en el barrio porteño de Belgrano. Pasaban tecno, diría, pero no del más comercial. En un momento, entre medio de los flashes de la pista, se vio la silueta de una persona bailando extasiada. Su peinado era inconfundible. Ese joven acababa de dejarlo todo en un escenario frente a una multitud entregada. Estaba en la cima del mundo, y además, a pocos metros de mí. Sí, era Gustavo Cerati. Todos observábamos boquiabiertos la catarsis de ese hombre en medio de la pista con un respeto casi reverencial. Hasta que en un momento se detuvo y desapareció repentinamente entre la gente acompañado.

Un modelo para armar
Creo que era en la película Alta fidelidad (Stephen Frears, 2000), protagonizada por John Cusack, donde hablaban de las reglas para regalarle una cinta grabada a una chica. Sí, he utilizado la versión de “En la ciudad de la furia” de “Comfort y música para volar” del fantástico Unplugged de la MTV en uno de esos CD personalizados. En mi interior esta canción es tan representativa de una época y una forma de entender Buenos Aires como podría serlo el “Otoño porteño” de Piazzolla, otro genio admirado por mí. Es lo que tiene el arte: puede cambiar nuestra percepción de la vida. Además hay un componente que exalta más la música argentina en mi caso, el hecho de llevar varios años fuera del país que me vio nacer… supongo que debe de haber una especie de idealización respecto a la cultura argentina.

#Graciastotales
Cerati, Bosio y Alberti nos han regalado grandes canciones que acompañaron diferentes momentos de nuestra vida. Cerati nos dejó, pero su música seguirá ahí, para siempre. Y cada vez que escuchemos algunas de sus canciones, nos transportará automáticamente a algún momento de nuestro pasado. Eso es trascendencia.

Christian Flavio Tasso

32 – Pasión II

(continuación de la entrada anterior “Pasión I”)

Nos habíamos quedado aquí:

Un apasionado: Jesucristo
¡Bueno! ¡Bueno! ¡Bueno! ¡Ya empezamos! Ustedes se preguntarán ¿Qué le pasa a este tipo (o algo similar), que dijo en la primera parte de la entrada que no era demasiado religioso y ahora escribe sobre Jesús…? La verdad es que no soy nada religioso, aunque formalmente soy cristiano. Sí, tomé la comunión. El hecho de no ser practicante cristiano, no significa que no pueda admirar a algunos personajes de esta y otras religiones, y Jesucristo es un personaje que me llama poderosamente la atención y por el que siento especial admiración. Como hombre (humano), claro.

Intento ponerme en contexto. Hace dos mil años más o menos, un hombre judío, nacido en un hogar humilde, en una época donde te mataban si no seguías unos preceptos, costumbres y eras más o menos sumiso, aportó algo nuevo. Él, convencido de que traía la palabra de Dios, comenzó a predicar un mensaje de paz, unión y tolerancia… pero ese no fue su único mérito, porque había muchos que lo hacían por entonces, sino que además, lo escuchaban y tenía seguidores. Tan lejos llegó su mensaje y tanto caló en la gente, que terminaron matándolo por aquello. Y la prueba es que aún hoy, seguimos hablando de él. Eso se llama pasión. Creo que es una de las cosas que más debiera de transmitir una religión: la posibilidad real de vivir una vida apasionada, plena… Creer en algo y llevarlo hasta las últimas consecuencias (siempre que sea algo positivo, claro)… Pero, de cara al marketing, les sirvió más la imagen de un hombre desangrándose en una cruz, un tipo de ejecución normal por aquel entonces, para recordarnos que debemos padecer para ser merecedores de la aceptación este Dios. Y aquí me permito recomendar dos obras inspiradoras sobre este tema: “El evangelio según Jesucristo” del gran José Saramago y “La última tentación de Cristo” de Scorsese. Ambas enfocan a Jesucristo desde un punto de vista más humano, pero con respeto al mérito de su obra y a su inspiración.

Con respecto a Jesucristo, concluyo que, el resultado de las acciones de un hombre apasionado que murió por lo que creía, es una institución ociosa, que acumula riquezas, es intolerante, pregona que debemos ser castigados por muchos de nuestros actos y no vive en el mundo real. O sea, cometen, como institución, varios de los pecados capitales que les exigen no cometer a sus fieles (Soberbia, Gula, Avaricia…y sin ser demasiado riguroso, recuerden que no voy a la iglesia…). Salvo por algunos religiosos apasionados, que están cerca de la gente y les aportan soluciones terrenales, poca pasión transmite esta institución, además del sermón que repiten todos los domingos.

Y para Pasión, este excelente video de Metallica inspirado en el pintor flamenco El Bosco:

Garden delightsPor cierto, me quedé en pleno éxtasis al ver “El jardín de las delicias” de El Bosco en El Prado… Ese hombre, además de estar muy mal de la cabeza para tener esa imaginación, sin lugar a dudas estaba apasionado.

Hablando de música.
Los que siguen mis entradas (que no son muchos, ni son muchas), sabrán que tengo una especial sensibilidad por la música y un gusto bastante heterogéneo. Escribo en varias entradas sobre este tema. La música es una manifestación artística, terreno fértil para expresar diferentes pasiones por todo: mujeres, hombres, ciudades, dioses, lugares emblemáticos, furias varias… etc. A mí me gusta la música que sale y se interpreta desde el alma, o desde las vísceras, o desde el corazón, y me interesa saber qué me cuentan, por lo que le doy especial importancia a la letra, aunque hay músicas que no necesitan demasiada letra para ser intensas. Es destacable el hecho de que varias de las canciones más trascendentes de la segunda mitad del siglo XX, tengan inspiración religiosa. Aunque algunos de sus autores se empecinen en decir que hablan de otra cosa, tienen claras alusiones al discurso cristiano, incluso, desde sus títulos: “Stairway to Heaven”, “Losing my Religion”, “One” (y prácticamente toda la obra de U2), etc. Y justamente, ya que estamos con U2, hay una versión de “One” que me parece especialmente inspirada, y que cada vez que la escucho, me hace sentir, por unos segundos, que existe un Dios. Es la interpretada por Mary J. Blige. Intensa y apasionada:

¡Que sí! ¡que sí…! ya sé que la filantropía de Bono está en cuestión, lo cual puede desacreditar sus intenciones, y que yo, personalmente, no he escuchado otra canción de Mary J. Blige que alcanzara este nivel de pasión; pero a veces la magia se da mezclando ciertos ingredientes, que aquí funcionan muy bien.
Sí, la música, y el arte en general, son maneras de evangelizar cuando no funcionan los canales tradicionales.
Y por cierto, agradezco al jefazo de una empresa que me pidió hace varios años que la incluyera en un trabajo que nos encargó. Hasta ese momento, la versión de “One” de Achtung Baby, era la única que conocía y ya me gustaba bastante.

¿¡Que si hay más cosas!?
Todos los días vemos pasión a nuestro alrededor. Todas las definiciones de pasión, por cierto… Gente que lucha por una causa justa, otra que intenta alcanzar sus sueños, muchos que son apasionados por amor… a algo o a alguien. Y gente que hace su trabajo con pasión. Es parte de la naturaleza humana, y se repite a lo largo de toda la historia de nuestra especie.
Pero lo que quiero destacar, ya que lo veo asiduamente y lo practico también, es un tipo de pasión empaquetada. Intento explicarme: nos están organizando la vida y nos hemos vuelto adictos a una serie de dispositivos que parecen acercarnos a aquello que queremos ser (o que nos hacen creer que debemos ser), pero que no somos. Veo a la gente en el tren, todos sumisos, con la cabeza baja, como si estuvieran rezando, pero en realidad rendidos a una tecnología impuesta, aunque escogida a voluntad por nosotros, e intercambiando información personal por aplicaciones pasatistas. Literalmente, nos dan caramelitos a cambio de nuestros datos para que los ayudemos a segmentarnos como posibles consumidores ¿Y dónde ha quedado relegada nuestra pasión? Yo no lo sé. Puede que un tren no sea el lugar idóneo para manifestarla, de acuerdo, pero percibo que es un comportamiento que se extiende a todos los ámbitos de nuestra vida. Una especie de desánimo generalizado…
Me paro a pensar dónde podríamos estar dentro de algunos años si nos apasionaran más nuestros propios sueños… tomaríamos decisiones diferentes…

Y como he dicho al principio de esta entrada, trato de expresar situaciones que me han parecido más o menos apasionadas, sobre gente que transmite (o no en algún caso) pasión. No busco dar una definición rigurosa, sino más bien impresiones y sensaciones abiertas, cuestionables y subjetivas.

Ah, y sobre lo que prometí al comienzo sobre dónde y cuándo creí sentir pasión, voy a jugar de nuevo la carta comodín de J.J. Abrams en Perdidos (y de todo en lo que participó posteriormente): Se “comieron” toda la entrada, y esto se acaba aquí. Ahora cada un@ puede sacar sus propias conclusiones, o contarme cuándo sintieron pasión ustedes.

Christian Flavio Tasso

Blog 24 – No necesito nada… así que salgo de compras

El plan

Era sábado por la mañana y comenzaba el fin de semana relajado hasta que ella me dijo: Rebajas“Son las rebajas ¿por qué no nos damos una vuelta por el centro comercial…?” ¡Estaba condenado…! …a vagar entre cientos de personas que buscan la ganga, la oferta del día / semana / mes / temporada / año. No creía necesitar nada, pero me puse mi mejor traje de buena predisposición y accedí de buen grado… después de todo quizá encontraba algo de utilidad allí.

Hay especialistas que se dedican a estudiar el comportamiento humano en lo que al consumo respecta. Parece que somos más predecibles de lo que pensamos. Una vez, leí un ejemplo muy curioso en el que se explicaba que en un supermercado pusieron una pila de botes de sopa a 1 euro y no vendieron nada. Al día siguiente, lo destacaron con un cartel que decía “Oferta especial: sólo 5 latas por comprador”. Incluso el precio era un 50% más caro y, repentinamente, todo el mundo estaba interesado en ese producto… ¿Curioso no? Ese tipo de estudios se llama “neuromarketing”.

La ejecución

Para todo lo que hacemos en la vida es importante tener un buen plan. Cuando se va de compras, lo primero es subir al coche y seleccionar nuestro destino: «a ver… en ese habrá mucha gente… en aquel cuesta estacionar… en ese otro una vez me abollaron la puerta… ¡Ah, sí! ¡ese puede estar bien…! seguro que no hay tanta gente…» Diez minutos más tarde llegamos a nuestro destino y necesitamos otros treinta para encontrar una plaza de parking (porque no sé si alguien notó que hay coches -si es que aún se les puede aplicar esta definición- que ocupan dos plazas de estacionamiento…). Ya estábamos en el sitio. Cuando llego a lugares atiborrados de gente y veo cómo se comporta la marea humana, siempre pienso en la película “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927). Hay una escena muy conocida de la película donde los trabajadores entran en bloque y ordenadamente al ascensor y luego de descender, salen del mismo, como corderitos (pero continúan muy ordenados, eso sí). A veces cuando veo a esa masa de gente, entre la que me incluyo, subiendo de forma homogénea por una escalera mecánica, y haciendo todos las mismas cosas, me siento como esos trabajadores representados en el film de Fritz Lang… Está claro que ellos están condenados a trabajar, en cambio, a nosotros, el sistema simplemente nos condena a consumir… No es tan grave después de todo.

La tentación

¡Esta marca a este precio! Entonces me hago la pregunta siguiente «¿me lo puedo comprar?» en lugar de la pregunta adecuada «¿realmente necesito esto?» …Es lo que tienen las grandes superficies… No sé si a ustedes les pasa, pero cuando veo todo tan ordenadito y bien expuesto y con esas cajitas o bolsas en que se guardan, me da la impresión de que tengo que tenerlo, que tiene que ser mío ¿será pecaminoso tener tales pensamientos? No lo sé… quizá la envidia sea un pecado capital, pero es el sustrato de las estrategias de marketing de nuestras días… Pensándolo mejor, creo que sí me hace falta ¡Cuándo mis compañeros de trabajo me vean con esto puesto! Claro, no se me dará por pensar en que esa marca “tan cara y tan exclusiva” no me pagará un céntimo por transitar esponsorizado por la vida, todo lo contrario, me cobrará mucho por exhibir su marca al mundo…

Otra cosa interesante son las tarjetas de crédito… Hace un tiempo, cuando los bancos decían que tenían dinero y nos daban una tarjeta que duplicaba o triplicaba nuestros ingresos, nos sentíamos afortunados de ser los elegidos para portar semejante artilugio de intercambio comercial ¡Era como si Prometeo en persona nos estuviera dando el fuego! Algunas tarjetas son doradas y tienen unos hologramas muy agradables a la vista… casi nos hacen sentir como si estuviéramos pagando con monedas de oro… Y la historia se pone más divertida a fin de mes, cuando nos llega el extracto y vemos que nuestras monedas de oro tenían un valor equivalente en moneda de uso corriente más unos intereses, más interesantes para la entidad emisora que para nosotros.

El botín

Hay palabras que son curiosas. Por ejemplo en inglés, muchos vocablos de uso coloquial pueden ser nombres y apellidos. Hay gente que se llama “Hunter”, “Law”, “Justice”, “Fish” (cazador, ley, justicia, pez – o pescado-) etc…  Pero en castellano, aunque existen palabras así, es menos frecuente encontrarlas en nombres… al menos yo no conozco a ningún “Cazador” o “Pescado” de apellido, pero “Botín”… ¡Hay apellidos que parecen hechos a la medida de sus portadores…! en fin… A lo que quería referirme es que luego de semejante ritual, casi sanguinario por momentos al luchar a muerte por la última existencia de un estante, debemos tener una recompensa, algo que nos dé placer y justifique la acción temeraria que acabamos de protagonizar. Entonces, llegamos a casa, nos probamos nuestra flamante camiseta de marca exclusiva dos tallas más chica, miramos a nuestra pareja y con algo de resignación le decimos “creo que tendré que apuntarme al gimnasio…”. Y es exactamente en estos momentos cuando siento una tremenda excitación al recordar que tenemos en privilegio de ser, al menos por ahora, los seres más inteligentes del universo.

Y quiero cerrar esta entrada con una excelente canción de Talking Heads, en la línea de estas reflexiones: Love for Sale (1986)

…Y la letra, por supuesto.

Christian Flavio Tasso

 

Blog 21- Algunos sueños son posibles o The Stone Roses en Barcelona

La verdad es que he escrito un blog, aún no publicado, en el que vuelvo a reflexionar sobre los valores del mundo y la sociedad en la que vivimos… Pero por el momento se van a salvar de leerlo, ya que tengo cosas más alegres sobre las que escribir: los sueños cumplidos.

¿Qué es la felicidad?

Hace alrededor de 20 años (y digo «alrededor» porque el tiempo se pliega en nuestras memorias de una manera curiosa con el paso de los años), llegó a mis oídos una canción que se convirtió de forma instantánea, en una de esas que conformarían la banda sonora de mi vida. Comenzaba como una canción «normal», en el sentido que no tenía nada destacable con respecto a otras similares que escuchaba por aquel entonces, pero de golpe, en el minuto 3:38 estallaba de una manera desmesurada en acordes de guitarra, casi sobrenaturales, acompañados de un bajo y una batería de ejecución excelsa y acababa en el minuto 8:14 dejándome con una sensación de éxtasis catártico. El tema era «I Am The Resurrection» de The Stone Roses… Y yo llevo 20 años resucitando cada vez que lo escucho (ya hablé de esta canción en otro de mis blogs).

Me compré los dos CD que publicó este grupo en los 90, aunque, salvo que era una banda de Manchester, no sabía demasiado de ellos. De hecho soy de los que se deja llevar por variadísimas propuestas musicales sin prestar, a veces, demasiada importancia a los nombres de las canciones o a las letras.

Pocos años atrás, ya en la era del Youtube, el Wikipedia y el Facebook, investigué un poco sobre estos señores, y vi que se habían disuelto hacía más de 10 años y que estaba considerada una banda de culto, padres de lo que algunos llaman «La movida de Manchester» o «Madchester» y que habían influenciado toda la música de los 90, incluyendo a bandas consagradas como Oasis. Busqué aquel riff de guitarra en Youtube y era imitado, desvirtuado y ejecutado por varios admiradores, y yo pensaba «Algún día me gustaría aprender a tocar la guitarra sólo por el hecho de poder ejecutar esta parte de la canción».

Hace un par de meses, como soy fan de la banda en Facebook (o de alguna página similar), veo un anuncio que dice que tocarían en breve en Barcelona. Se había vuelto a juntar la formación original para hacer una gira que empezaba en esta ciudad. Comienzo a soñar, tenía la posibilidad de resucitar viéndolos en directo…

Sueños en directo

Mi pareja, que suele darme sorpresas de este tipo, me regaló la entrada ¡Gracias amor! Los tenía a un par de meses de distancia ¡Y no es que sea un apasionado de los directos! Pero esto era algo histórico que no me iba perder.

The Stone Roses BCN 8jun12

El día llegó. Fue el pasado viernes 8 de junio. El lugar era la Sala Razzmatazz, una disco que queda en los vestigios de lo que fue una zona industrial dentro de la Ciudad de Barcelona, en el barrio de Poble Nou.

Estaba nublado, y por momentos llovía, aunque la humedad y el calor daban la sensación de agobio. Es lo que tienen las ciudades que quedan cerca del mar…

Había mucha gente en los alrededores de Razzmatazz, gran cantidad de británicos, y muchos más aún en el interior del recinto. Las personas se agrupaban en la entrada para comprar camisetas de la banda. En las barras, los vasos de cerveza se llenaban con tal facilidad que parecía que el local estaba situado sobre un manantial natural de este líquido. La media de edad era «media alta». Yo estaba en Barcelona, pero se hablaba otro idioma. Si existieran los teletransportadores o las máquinas del tiempo, podría decir que me encontraba en alguna de las naves industriales del Manchester de finales de los 70 u 80… Al menos según mi imaginación, ya que no conozco Manchester.

Tengo que admitir que, cervecita en mano, me tomé una media hora en estudiar cuál era la posición adecuada para poder disfrutar del espectáculo considerando una variable importante: mi limitada altura en comparación con esta gente del norte (…¡ y con el resto de la humanidad!). Decidí ponerme en el centro, cerca, pero no veía nada y ya había perdido unos cinco kilos con el calor que hacía. Entonces me acerqué a la mesa de sonido, mientras iba tomado algunas fotos y videos con el móvil. Ya eran casi las 21:30. Iban con media hora de retraso, aunque el ambiente en el interior era bastante festivo. Es que los británicos son festivos. Baste para confirmar que en 5 minutos, ya me había hecho de un par de amigos eventuales.

Al sonar las primeras notas de música, el público estalló, se descontrolaron y comenzaron a corear sus letras. Eran nuestros ídolos y después de más de 15 años habían vuelto y estaban allá arriba, en aquel escenario, a pocos metros de distancia.

No me extenderé en crónicas y análisis sobre las canciones, versiones, forma y cantidad ya que los expertos se encargarán de hacer sus reflexiones (ver links de más abajo). Lo que sí expresaré a nivel personal, es que me parecieron impresionantes desde el punto de vista musical, y que si sólo te quedas con sus discos, te estás perdiendo el poder que tiene la banda al tocar en directo. Luego de cambiar dos veces más mi posición hasta encontrar un lugar desde el que veía todo el escenario, podía saltar y, además, estaba bajo un chorro de aire acondicionado, y una hora y media de concierto después, llegó, según los expertos, un inusual bis con el momento de La Resurrección. La ejecución en directo fue perfecta para mí y extendida para deleite de los que estábamos allí. Yo quería más, pero ya se había acabado.

Había resucitado nuevamente.

Christian Flavio Tasso

Otras referencias:

http://www.thestoneroses.org/

http://www.youtube.com/user/STONEROSES2012?feature=watch

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1186655

http://jenesaispop.com/2012/06/09/the-stone-roses-arrasan-barcelona-en-el-inicio-de-su-gira/

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/06/09/tentaciones/1339200538_397739.html

http://www.musicazul.com/conciertos/the-stone-roses-razzmatazz-barcelona-08-06-2012/

 

Blog 14 – ¿Cuánto hace que no escucho / escuchas una buena canción?

Me animaré con este tema aprovechando que el 21 de junio fue el día de la música… Sólo es un excusa, ya que hace tiempo que quería escribir este blog.

¿Qué importancia tiene la música en tu vida?

En la mía mucha. Podría decir que me gusta prácticamente toda creación musical sincera que esté inspirada desde el interior de un artista, que parta de la necesidad de comunicarse, expresarse, de transmitir y cuyo resultado devenga en una obra atemporal. Por el contrario, aborrezco a las «bandas / artistas de diseño”, esos oportunistas que esperan sacar el hit del verano o para quienes la música es un ejercicio de narcisismo excesivo (aunque soy consciente de que deben existir para amenizar las borracheras estivales).

¿Y por qué se me ocurre provocar con este título? Porque pienso que es así. Hace años que no escucho una canción de esas que pasan a formar una parte inseparable de mi ser, de la banda sonora de mi vida emulando un poco al Cusack de «Alta Fidelidad» (Stephen Frears, 2000). Esas que te parten la cabeza, el alma, te cuestionan, te motivan, te incomodan, te describen, te invitan a actuar, a ser… No pretendo ser injusto, sé que hay millones de músicos en el mundo y estoy segurísimo de que existen miles de estas canciones que quizá no encuentran su espacio de difusión, dominado por las grandes multinacionales… aunque las cosas estén cambiando. Pero la reflexión que busco no es esta, sino preguntarnos qué estamos escuchando en los últimos años, qué es lo que más está sonando en la amplia oferta de aparatos reproductores que tenemos a nuestra disposición…

…Y es curioso, porque me di cuenta de esto el año pasado, después de ver la película “Control” (Anton Corbijn, 2007) que trata sobre la vida de Ian Curtis, el cantante / “poeta maldito” de Joy Division que se suicidó a los 23 años. Esta banda que nace en una zona industrial de Manchester y que pasados más de 30 años de la muerte de su cantante, sigue dejando huellas como tantas otras. ¿Quedará algún recuerdo los artistas de diseño de hoy…? Posiblemente sí…

Control
Control

Una importante cantidad de los artistas que siguen vivos y vigentes, son personas o bandas que tuvieron su época dorada hace 15, 20, 30 o incluso ¡más de 40 años…! (ya sabemos bien quiénes son) y continúan llenando estadios porque no tienen un relevo que esté a la altura.

Mi época musical dorada

Tengo que admitir, seguramente condicionado por el tiempo que me tocó vivir, que mi época preferida fue la década de 1990. Bandas tan dispares desde el punto de vista musical, pero contundentes en su tiempo como The Stone Roses con su “I Am the Resurrection”, el histérico “Smell Like Teen Spirit” de Nirvana, el no menos inquietante “Creep” de Radiohead y más canciones y álbumes de otros grupos como Portishead, The Pixies, Blur, R.E.M., incluso Oasis… Épocas maduras de grupos como Depeche Mode, que sacó el que para mí es su mejor y uno de sus más oscuros discos “Ultra”, The Cure… Producciones discográficas irrepetibles de Metallica, Iggy Pop, Pink Floyd ¡Hasta Madonna había parido ese “Ray of Light” (posiblemente producto de algún relax introspectivo en la India) tan diferente de su obra hasta el momento! Y la post adolescente Alanis Morrisette destacaba en todo el mundo con su suspicazmente maduro “Jagged Little Pill”… Todo parecía haber confluido en ese punto, en esa década… había mucho que decir, muchas razones para estar enojado, para que finalmente acabase llegando a oídos de esa escéptica y pasiva Generación X.

Pero después… ¿Qué vino después? Quizá lo mejor que hubo en este siglo hasta ahora sea Coldplay… o ¿The Killers…? (aunque no los conozco demasiado) pero es más de lo mismo fuera de tiempo… Obviamente estoy siendo bastante radical y restrictivo, ya que me limito a la música más comercial, especialmente Rock y Pop y mayormente Británica o Norteamericana… Hay mucha producción que se dio y da en Hipanoamérica que merece una especial atención.

¿Y tú qué piensas?

Parece que el camino a seguir es este: vamos por la tercera generación de rubias mediáticas (Louise Ciccone -cuyo nombre de pila es Madonna- / Spears / Gaga) y sus clones temáticos sucedáneos… Esto sin despreciar el talento, el trabajo y el esfuerzo de algunas de ellas y lo que es la música como espectáculo visual… pero esto demuestra que seguimos viendo más de lo mismo aggiornado. Da la impresión de que el sentido de la música para muchos, más que un acto de sincera expresión, fuera el de aparecer en todos los titulares y en el ranking de los más ricos de la revista Forbes…

Y esta mentalidad del escándalo y el oportunismo, es la que se está convirtiendo en la banda sonora de nuestras vidas…

Christian Flavio Tasso