Blog 28 – Desapego

De nuevo me vi en la obligación de saltarme una entrada que estaba escribiendo para centrarme en una peli que me impresionó considerablemente.

Primero los situaré un poco: Bram! Mostra de Cinema de Castellar del Vallès, una serie de proyecciones de cine y actos que organizamos anualmente entre el Club Cinema Castellar Vallès y el Ayuntamiento local, que cuenta con el apoyo de otras entidades y organizaciones públicas y privadas. La principal temática de las películas programadas es social y suelen ser de autor. Entre esta destacada selección nos encontramos con “El profesor” (Tony Kaye, 2011), una película independiente norteamericana del mismo director de otra pieza que en su momento no nos dejó indiferentes “American History X” (1998).

La película

El profesorHenry Barthes (Adrien Brody) es un profesor suplente que cae en una escuela con un alumnado marginal, cuyo nivel académico va en declive y a la que amenazan las garras de la privatización.

Más allá de algún exceso dramático, y una discutible cantidad de subtramas, la película nos cuenta la historia, principalmente, a través de la experiencia del Profesor Barthes, este eterno sustituto que prefiere esa distancia emocional que le da el nombre original a la película, si entendemos “Detachment” como desapego, poniendo un muro entre sí mismo y el resto de los mortales.

El mensaje que más me golpeó, es la poca atención que ponemos en aquello que conforma la materia prima de nuestras sociedades, nuestra garantía existencial de vivir en un mejor futuro: los alumnos.

“We don’t need no education”*

Sabemos que la adolescencia es una etapa difícil, en la que buscamos nuestro lugar en el mundo y en la que tenemos esa necesidad de pertenencia a algún clan, necesitamos referentes… Si nos comparásemos con una planta, es el momento en el cual precisamos que nos apuntalen y nos ayuden a encontrar nuestro camino. Todos los que hemos pasado por la adolescencia sabemos lo que es eso: vemos a los adultos como unos ineptos que no supieron hacerlo mejor de lo que podríamos hacerlo nosotros, lo cual les quita autoridad moral para enseñarnos cualquier cosa. Es en este contexto donde Kaye mete su particular dedo en el ojo, centrándose en el sistema educativo (aunque es el norteamericano en este caso, puede ser extrapolable a la educación en general), demostrando que nuestros jóvenes necesitan un apoyo que va mucho más allá de limitarse a cumplir con un programa de enseñanza, y esperar que la escuela les de todo lo que no tienen en sus hogares.

Verdaderos héroes modernos

Los docentes, en este caso, seres imperfectos que hacen uso de todo su ingenio para entrar en sintonía con una generación a la que se le inculca valores bipolares que oscilan entre el éxito y el fracaso (en el caso de esta escuela en concreto, están más cerca del fracaso) y vacuos en su concepción, deben lidiar con una realidad cotidiana atestada de faltas de respeto, negligencias de los padres y carencias afectivas en general, cuyas principales víctimas (y victimarios a veces) son nuestros adultos del futuro.

Generalizando, es muy difícil que consideremos a un profesor como un héroe moderno, ya que estamos influenciados por esos valores que nos inculcan los tiempos que corren, donde es preferible ser un deportista de élite o un exitoso hombre / mujer de negocios en lugar de un profesional que está sembrando las semillas de lo que será el futuro en nuestras sociedades… La infantería docente plantada en la primera línea de los problemas domésticos, sociales, y personales y con la dificultad añadida de tener que cumplir el rol de educadores sin siquiera poder transmitir su apoyo y comprensión a sus alumnos a través de cualquier tipo de contacto físico, aunque se trate de un inocente abrazo de contención cuando lo necesitan. Tienen que hacer lo que los padres no hacen sin poder hacerlo como sus padres.

Más que alumnos y profesores

Una educación pública, que es preferible ver como un negocio o una empresa antes que como una inversión a mediano y largo plazo, negocio que a ciertos sectores enquistados en el poder parece interesarles, después de todo ¿Tiene que pensar toda la gente…?

Detachment habla también sobre esos seres fragmentados que somos en la adolescencia para pasar a convertirnos en esos adultos incompletos, muchas veces incapaces de demostrar nuestros sentimientos o seguir lo que nos manda nuestro corazón. Nos lo explica en un lenguaje muy directo, franco, con ese registro documental que nos incomoda en la forma de narrar tanto como el tema que se trata. Adrien Brody, con su aspecto abatido y el resto de actores y actrices que interpretan a todas las piezas de este rompecabezas educativo, destacan por unas precisas performances.

Detachment es una película que no ha sido premiada en grandes festivales, algo que resulta bastante irónico considerando el tema que trata… Es que la escuela pública es menos fotogénica que muchos otros temas al parecer… como diría nuestro profesor Barthes: “We all need something to distract us from complexity of reality.” (Todos necesitamos algo para distraernos de la complejidad de la realidad).

Título Original: Detachment (El Profesor)
Año: 2011
País: Estados Unidos
Director: Tony Kaye
Reparto: William Petersen, Tim Blake Nelson, Sami Gayle, Renée Felice Smith, Marcia Gay Harden, Lucy Liu, James Caan, Isiah Whitlock Jr., Doug E. Doug, Christina Hendricks, Bryan Cranston, Blythe Danner, Adrien Brody.

Christian Flavio Tasso

*No necesitamos no educación (Another Brick in the Wall (part 2) – Roger Waters)

El Bram! en La Vanguardia

Blog 27 – Las Valkirias de Coppola

Siempre recordamos algunas partes de películas que nos han impactado por alguna razón u otra. Como no todo en el cine (aunque a veces lo parezca) son solo formas y estética, sino que también ha de haber contenido detrás de estas formas, aprovecharé esta entrada para reflexionar un poco sobre una de las secuencias bélicas cinematográficas más impactantes y, según mi opinión, mejor narradas de la historia del séptimo arte. Se trata del ataque a la aldea vietnamita en “Apocalypse Now” acompañado de la música compuesta por Wagner para la ópera “El anillo del nibelungo”.

Mi opinión sobre la guerra

Antes de entrar en tema, quiero dar mi opinión sobre la guerra. Creo que cualquier guerra que haya habido o habrá en este mundo es, fue (o será), además de cruel, totalmente inútil. A mi entender, el acto de hacer la guerra es el vestigio de animal irracional que nos queda a los seres humanos cuando sentimos invadido lo que consideramos nuestro territorio o buscamos venganza. Respondemos con violencia cuando desde hace miles de años hemos desarrollado maneras más complejas que las de otros animales para entendernos. Las guerras de las últimas décadas no dejan de ser crueles porque estemos más evolucionados y nos valgamos de justificaciones legales y acuerdos multinacionales para llevarlas a cabo. Muere gente igual…
Por otro lado, entiendo que las guerras son un gran negocio y dan mucho juego visual en películas, series y juegos.
Sí tengo que reconocer que, de haber algo positivo en las guerras, es que se han desarrollado innovaciones tecnológicas que hacen nuestra vida mejor ¿…? Además de invitar a los artistas de todos los tiempos a indagar en la naturaleza humana, como es el caso de la cinta que escogí para esta entrada.

Sobre “Apocalypse Now” (spoilers)

Hecho este pequeño inciso, me centro en este intenso fragmento de la genial película de Francis Ford Coppola. El guion está inspirado en la novela de Joseph Conrad “El corazón de las tinieblas” y está coescrito por el mismo Coppola y John Milius.

Estamos en plena guerra de Vietnam. Al capitan Willard (Martin Sheen) se le asigna la misión de buscar y ejecutar al Coronel Kurtz (Marlon Brando), un hombre que se convirtió en una especie de dios en la profundidad de la selva camboyana y se hizo de un ejército propio. Durante el trayecto hacia su destino, se nos van presentando diferentes facetas de esta guerra a través de la mirada de Willard. Se nos muestra a un ejército norteamericano bastante desorientado y enajenado metido en un conflicto que nadie acaba de entender bien… salvo Kurtz, quizá, en su último aliento…

El Teniente Coronel Kilgore

En esta parte de la película, Willard y sus hombres llegan a una zona del río que no pueden atravesar navegando solos y desde allí han de ser escoltados por el Noveno batallón de la Primera División de Caballería. El Teniente Coronel Kilgore (Robert Duvall) es el comandante de este batallón. Desde que se nos presenta a este personaje, vemos a un hiperactivo Kilgore, interpretación que le valió la nominación al Oscar a Duvall, mucho más motivado por practicar surf en la playa que tomarán, que por la misión que se le encomienda. Los caballos de este batallón han sido reemplazados por helicópteros, que el Teniente coronel utiliza como herramientas de devastación. De hecho su nave tiene una inscripción en el morro que reza “Death from above” (La Muerte desde arriba). Kilgore sabe como motivar a sus soldados y es un guerrero templado que no teme a la muerte, sino más bien es su representación. Tiene unas «cartas de la muerte» que deposita sobre los cuerpos que va dejando a su paso. Es un verdadero salvaje, arrasa la aldea indiscriminadamente intimidando a los vietnamitas con la música de Wagner. Vemos en varias ocasiones como ignora deliberadamente cualquier peligro a su alrededor, como por ejemplo cuando entra la bengala en el helicóptero y él mantiene la calma, o cuando camina por el campo de batalla entre explosiones más preocupado por tener la zona despejada para hacer surf. Kilgore es el claro protagonista de la secuencia, en la que dice la famosa frase “I love the smell of napalm in the morning.” (Adoro el olor a napalm por la mañana).
¿Qué lo diferencia entonces de Kurtz…?

Sobre el diseño de la secuencia

Desde el punto de vista de la acción, la secuencia está planteada con una progresión dramática que va in crescendo a medida que se acercan a su destino. Nos presenta al protagonista, que a través de sus acciones nos demuestra que no se va a limitar a cumplir simplemente la misión que se le encomienda. Y al resto de los hombres que van en esos helicópteros, reflexivos e impacientes frente a la incertidumbre de lo que se encontrarán al final del camino.
La composición visual está cuidadísima. Los helicópteros partiendo al amanecer en formación de ataque captados desde varios ángulos generan expectación y suspense. Parecen una fuerza imbatible que cruza el cielo.
El montaje, tanto visual como sonoro, en el que se contrasta el enajenamiento de esos soldados y la tranquilidad de la aldea antes del ataque, como esos planos con los niños saliendo del colegio (es interesante el detalle del niño que se separa del grupo y se queda mirando hacia el otro lado), donde se nos da la información de que además de soldados, la aldea está llena de civiles. Se nos anticipa un duro y cruel enfrentamiento.
Y todo esto con la música de Wagner de fondo, sonido de motores de helicópteros, radios, explosiones… etc. etc.

Sentido narrativo

Cuando un director como Francis Ford Coppola crea una pieza audiovisual como Apocalypse Now, está utilizando un contexto, en este caso el de la guerra de Vietnam, para hablar sobre las miserias humanas. Esto es parte de la reflexión del artista. En esta película nos vemos a los seres humanos como presas de un destino miserable, muchas veces elegido por nosotros mismos o por los representantes de nuestros pueblos, también escogidos por nosotros.

Coppola cierra esta cruda reflexión sobre la guerra con una frase que dice a través de uno de sus personajes, el oscuro y enigmático Coronel Kurtz: “The horror. The horror…”.

Christian Flavio Tasso

Blog 25 – Malos malísimos

Si pensaban que iba a hablar de políticos, banqueros, economistas, dictadores, terroristas o empresarios inescrupulosos e insensibles están equivocados… Esta vez voy a hablar de los malos en el cine, gente que hace mucho mal, pero en un mundo de ficción… ¡afortunadamente!

El maestro

No deja de ser curioso e irónico que Alfred Hitchcock nunca fuera premiado con un Oscar o una Palma de Oro por alguna de sus películas… aunque por fortuna sí recibió otros premios prestigiosos y los de reconocimiento a su carrera… tarde o temprano todo ocupa el lugar que le corresponde… Uno de sus films, Vértigo (1958) está en el primer lugar en la lista de las 50 mejores películas de todos los tiempos según el British Film Institute (BFI). Compartamos esto o no es innegable la calidad narrativa que tenía el director británico cuya influencia llega hasta nuestros días.

En uno de los capítulos de “El cine según Hitchcock”, maravilloso e imprescindible libro de conversaciones entre el maestro del suspense y François Truffaut, Hitchcock nos ilustra con el siguiente concepto “(…) cuanto más logrado sea el retrato del malo, más lograda será la película. He aquí la gran regla fundamental… “ . Me atrevería a afirmar que el cine nos ha demostrado en numerosas oportunidades que esta teoría está más que demostrada.

Tiene que ser muy, muy malo

Los malos de la vida real tienen muchas caras… A veces, ni siquiera nos damos cuenta de que son tan malos hasta ver las consecuencias de sus actos… Otras sí, pero son tan hábiles para utilizar las diferentes estructuras de poder y engaño a su alcance, que todo intento de oponernos se queda en eso, simplemente en una intención. Pero algunos malos del cine pueden llegar a ser muy atractivos (¡y mucho más inofensivos para nosotros!)… de hecho, a veces nos ponemos de su parte y preferimos que ganen, porque son más carismáticos que el protagonista…

Por supuesto, para conseguir un villano logrado, hace falta un buen guion y una buena interpretación. Nuestra memoria colectiva recuerda muy bien a algunos de ellos, curiosamente “protagonistas” de algunas de las mejores escenas o secuencias del cine, cuando su lugar natural debiera de ser el opuesto:

Roy Batty, un replicante interpretado por un inspirado Rutger Hauer en la película “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982); o el Joker de “The Dark Knight” (Christopher Nolan, 2008) con un merecidísimo reconocimiento póstumo a Heath Ledger… Y ni hablar del Anton Chigurh con la cara de Javier Bardem en “No es país para viejos”  (Joel y Ethan Coen, 2007)… O el Hans Beckert, asesino de niñas que evade a la policía y a la mafia en el clásico de 1931 de Fritz Lang “M, el vampiro de Dusseldorf” con la mirada siniestra y el silbido de Peter Lorre. Pero hay muchos, muchísimos más, bastante memorables en los casi 117 años de la historia del cine.

Son antagonistas muy malos, pero llenan la pantalla con su presencia y nos generan una curiosa fascinación. En esta entrada voy a hablar de uno de los malos más atractivos de los últimos años.

Un currículum aterradoramente impresionante

Nombre: Coronel Hans Landa
Profesión: Cazador de judíos en la alemania nazi
Película: Inglourious Basterds (Malditos bastardos)
Director: Quentin Tarantino
Año: 2009

El cine bélico da para mucho, si es que nos podemos permitir catalogar cualquier film de Tarantino en algún género. Pero de la mano de este director, el resultado suele ser una propuesta bastante original como esta que nos presenta este especialista en crear personajes fascinantes.

Hans (Christoph Waltz) Landa, es un personaje diseñado para causarnos una aversiva atracción, si es que me permiten el oxímoron (¡me encanta esta palabra!). Nos planta su presencia en la primera secuencia de la película (según mi opinión una de las más logradas de los últimos tiempos) y toda nuestra atención se centra en él.

La regla fundamental de Hitchcock se cumple de manera contundente en este film. Vemos durante casi 19 minutos una escena ambientada mayormente en el interior de una granja francesa, en la que se nos presenta a un tipo del que difícilmente se libre nuestra protagonista. Se muestra amable, agradable, educado, incluso hasta empático; pero no deja de ser un asesino metódico y sistemático. Es el primer personaje importante que se nos introduce en la película… Tarantino sabe muy bien que todo funcionará mucho mejor presentando al Coronel Landa en acción en esta intensa secuencia inicial. Vemos cómo se esfuerza por hablar francés con el granjero, elogia a sus hijas, la leche que producen sus vacas y va cercando, con lo que en apariencia es un cordial interrogatorio, al hombre, íntegro en un primer momento, pero que comienza a flaquear al ver que no se está enfrentando a un nazi burócrata más. Incluso el genial Waltz le da un toque de deliberada torpeza a la caracterización de su personaje cuando no encuentra uno de los nombres en su lista negra o saca esa especie de pipa ridícula y se pone a fumar.

Secuencia diseñada al mejor estilo Hitchcock, una de las más evidentes influencias en Tarantino, en la que la tensión va creciendo al tiempo que se nos revela información hasta llegar al clímax y su violenta resolución final.

Un Landa que recordaremos siempre como uno de los villanos más crueles y carismáticos de la historia del cine, que le mereció a Waltz el premio de la academia de Hollywood y el de Cannes por su actuación.

Prometo que seguirán desfilando malos memorables por este espacio… es mi plan para dominar el mundo: llenar internet de malos malísimos (se oye mi exacerbada risa sarcástica).

Christian Flavio Tasso

Blog 24 – No necesito nada… así que salgo de compras

El plan

Era sábado por la mañana y comenzaba el fin de semana relajado hasta que ella me dijo: Rebajas“Son las rebajas ¿por qué no nos damos una vuelta por el centro comercial…?” ¡Estaba condenado…! …a vagar entre cientos de personas que buscan la ganga, la oferta del día / semana / mes / temporada / año. No creía necesitar nada, pero me puse mi mejor traje de buena predisposición y accedí de buen grado… después de todo quizá encontraba algo de utilidad allí.

Hay especialistas que se dedican a estudiar el comportamiento humano en lo que al consumo respecta. Parece que somos más predecibles de lo que pensamos. Una vez, leí un ejemplo muy curioso en el que se explicaba que en un supermercado pusieron una pila de botes de sopa a 1 euro y no vendieron nada. Al día siguiente, lo destacaron con un cartel que decía “Oferta especial: sólo 5 latas por comprador”. Incluso el precio era un 50% más caro y, repentinamente, todo el mundo estaba interesado en ese producto… ¿Curioso no? Ese tipo de estudios se llama “neuromarketing”.

La ejecución

Para todo lo que hacemos en la vida es importante tener un buen plan. Cuando se va de compras, lo primero es subir al coche y seleccionar nuestro destino: «a ver… en ese habrá mucha gente… en aquel cuesta estacionar… en ese otro una vez me abollaron la puerta… ¡Ah, sí! ¡ese puede estar bien…! seguro que no hay tanta gente…» Diez minutos más tarde llegamos a nuestro destino y necesitamos otros treinta para encontrar una plaza de parking (porque no sé si alguien notó que hay coches -si es que aún se les puede aplicar esta definición- que ocupan dos plazas de estacionamiento…). Ya estábamos en el sitio. Cuando llego a lugares atiborrados de gente y veo cómo se comporta la marea humana, siempre pienso en la película “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927). Hay una escena muy conocida de la película donde los trabajadores entran en bloque y ordenadamente al ascensor y luego de descender, salen del mismo, como corderitos (pero continúan muy ordenados, eso sí). A veces cuando veo a esa masa de gente, entre la que me incluyo, subiendo de forma homogénea por una escalera mecánica, y haciendo todos las mismas cosas, me siento como esos trabajadores representados en el film de Fritz Lang… Está claro que ellos están condenados a trabajar, en cambio, a nosotros, el sistema simplemente nos condena a consumir… No es tan grave después de todo.

La tentación

¡Esta marca a este precio! Entonces me hago la pregunta siguiente «¿me lo puedo comprar?» en lugar de la pregunta adecuada «¿realmente necesito esto?» …Es lo que tienen las grandes superficies… No sé si a ustedes les pasa, pero cuando veo todo tan ordenadito y bien expuesto y con esas cajitas o bolsas en que se guardan, me da la impresión de que tengo que tenerlo, que tiene que ser mío ¿será pecaminoso tener tales pensamientos? No lo sé… quizá la envidia sea un pecado capital, pero es el sustrato de las estrategias de marketing de nuestras días… Pensándolo mejor, creo que sí me hace falta ¡Cuándo mis compañeros de trabajo me vean con esto puesto! Claro, no se me dará por pensar en que esa marca “tan cara y tan exclusiva” no me pagará un céntimo por transitar esponsorizado por la vida, todo lo contrario, me cobrará mucho por exhibir su marca al mundo…

Otra cosa interesante son las tarjetas de crédito… Hace un tiempo, cuando los bancos decían que tenían dinero y nos daban una tarjeta que duplicaba o triplicaba nuestros ingresos, nos sentíamos afortunados de ser los elegidos para portar semejante artilugio de intercambio comercial ¡Era como si Prometeo en persona nos estuviera dando el fuego! Algunas tarjetas son doradas y tienen unos hologramas muy agradables a la vista… casi nos hacen sentir como si estuviéramos pagando con monedas de oro… Y la historia se pone más divertida a fin de mes, cuando nos llega el extracto y vemos que nuestras monedas de oro tenían un valor equivalente en moneda de uso corriente más unos intereses, más interesantes para la entidad emisora que para nosotros.

El botín

Hay palabras que son curiosas. Por ejemplo en inglés, muchos vocablos de uso coloquial pueden ser nombres y apellidos. Hay gente que se llama “Hunter”, “Law”, “Justice”, “Fish” (cazador, ley, justicia, pez – o pescado-) etc…  Pero en castellano, aunque existen palabras así, es menos frecuente encontrarlas en nombres… al menos yo no conozco a ningún “Cazador” o “Pescado” de apellido, pero “Botín”… ¡Hay apellidos que parecen hechos a la medida de sus portadores…! en fin… A lo que quería referirme es que luego de semejante ritual, casi sanguinario por momentos al luchar a muerte por la última existencia de un estante, debemos tener una recompensa, algo que nos dé placer y justifique la acción temeraria que acabamos de protagonizar. Entonces, llegamos a casa, nos probamos nuestra flamante camiseta de marca exclusiva dos tallas más chica, miramos a nuestra pareja y con algo de resignación le decimos “creo que tendré que apuntarme al gimnasio…”. Y es exactamente en estos momentos cuando siento una tremenda excitación al recordar que tenemos en privilegio de ser, al menos por ahora, los seres más inteligentes del universo.

Y quiero cerrar esta entrada con una excelente canción de Talking Heads, en la línea de estas reflexiones: Love for Sale (1986)

…Y la letra, por supuesto.

Christian Flavio Tasso

 

Blog 18 – Platón, el mejor guionista de todos los tiempos

¡Uhhh! ¡Qué aburrido! ¡Este tipo va a hablar de Platón…! Mejor me voy a husmear al Facebook de mi novia de la adolescencia…

Agradezco a los que se quedaron después de este filtro y los invito a leer mi Blog 18, que no va de la historia de un filósofo griego que vivió hace muchísimos años, sino de los aportes de su filosofía a la narración audiovisual que estamos acostumbrados a ver. Es muy normal comenzar a estudiar cine pensando que somos unos genios y que tenemos las mejores y más originales historias para contar en nuestra cabeza… Quizá estamos tan obsesionados sacándole brillo a nuestro narcisismo que ni se nos ocurre pensar que esa idea que ronda en nuestro cerebro, puede llegar, quizá, a tener un origen muy lejano y hasta inconsciente. ¡Sí señoras y señores! nuestro inédito y retorcido thriller posiblemente ya existía en el Edipo de Sófocles y esa idea de venganza ciega ya había sido plasmada en obras como Medea de Eurípides…

Pero ahora vuelvo a Platón, que nos dejó su “Alegoría de la caverna» que inspira a muchos de los films que hemos visto a lo largo de nuestra vida… y hasta incluso, casi con un tímido intento de afirmación, me atrevería a decir que esta alegoría de 2500 años de antigüedad es una especie de premonición platónica de lo que sería el cine como arte.

Aunque no sean estrenos, a partir de aquí habrá “spoilers” (¡qué anglicismo tan preciso!)

Vemos, pero estamos ciegos

The Truman Show (Peter Weir, 1998) es un presagio de los realities del siglo XXI. Un protagonista que ignora que la realidad que vive es un montaje orquestado para entretener a millones de televidentes. ¿Vemos esta variante de la Alegoría de la caverna? ¡Hasta es literalmente una caverna! un gran estudio de televisión, una falsa realidad orquestada por cientos de extras… y amo, un todopoderoso, un demiurgo… Y al otro lado nuestro protagonista que se convierte en un héroe ¿se puede conformar con su vida ideal sabiendo que algo no cuadra? Una vez que descubrimos la “luz del sol” la lucha ya es otra. Pero ¿a quién le gustan las realidades incómodas? Sólo a los héroes, los demás mejor cambiemos de canal, al menos siempre encontraremos algo para evadirnos.

Fuera de la matriz

La novedad está en la manera en la que contamos siempre la misma historia, y en ese toque personal que le da cada autor… Buscamos un contexto histórico (o nos lo inventamos) y una serie de personajes. Pero hay una matriz… una matriz que ha penetrado hasta lo más profundo de nuestro inconsciente colectivo a lo largo de los siglos y ha creado nuestra visión occidental del mundo en el que vivimos. Eso es lo que le pasó a Neo, el protagonista de Matrix (Andy Wachowski, Lana Wachowski, 1999). Claro, es que estamos casi en el siglo XXI y la caverna es una estructura cibernética en este caso. Ya le hubiera gustado a nuestro programador continuar siendo un hacker anónimo en un mundo que conocía bien… Pero no era el rol que le tocaba en esta nueva realidad, y una vez que se conoce, ya nada vuelve a ser igual.

La vuelta al origen

¡Los griegos! hace poco escuché a uno de estos líderes europeos (ya soy incapaz de distinguir entre los que deciden sobre temas económicos y el resto… que también decide sobre temas económicos…) un comentario, teóricamente, irónico sobre el origen griego de la palabra maratón, en el contexto de la negociación sobre la nueva ayuda económica que recibiría Grecia. Y yo pensé ¡serán cretinos! los griegos son el sustrato de la cultura occidental, pero como la herencia cultural no cotiza en bolsa, mejor echémoslos del club de los privilegiados… ¿Serán lo griegos los nuevos héroes que habrán encontrado la salida de la caverna europea? sería lógico…
Pido perdón por esta subjetividad político-económica y vuelvo a centrarme en el Origen de todo. Sí Origen con mayúscula, el nombre de la película (Christopher Nolan, 2010). La caverna convertida en varias capas de subconsciente, en sueños y en personajes que se mueven a voluntad entre estos mundos para crear una nueva realidad. Otra variante platónica salida de la mente de uno de los directores más interesantes de los últimos años. También comenté algo sobre él y esta peli en este blog que escribí en el 2010.

¿Estamos perdidos?

Justamente en el mismo blog en el que hablo de Christopher Nolan y su película Origen, comento algo sobre J.J. Abrams y su serie “Lost”. Como podrán apreciar quienes han visto esta serie, aunque veamos el cielo y el sol, podemos estar en un ambiente de “caverna” según los términos platónicos, ya que una alegoría es justamente eso mismo, una representación simbólica o metafórica de unas ideas. En Lost hay personajes que pueden ver y hacer cosas que otros no pueden ¿Habrán aprendido algo que los otros no saben? De todas maneras soy bastante crítico con el tratamiento de las diferentes tramas en esta serie ya que, a mi parecer, son deliberadamente engañosas… Pero eso no deja de ilustrar la idea de caverna y del mundo que vemos en contraste con el mundo real.

No pretendo hacer un tratado minucioso sobre la influencia de Platón en el cine. Son sólo cuatro ejemplos muy conocidos de los cientos que habrá, pero cuyo sentido (además de entretenernos y de que sus productores ganen dinero) es el de cuestionar nuestra percepción de la realidad que nos rodea e invitarnos a ir un paso más allá de la pasividad y del conformismo.

Los que vieron alguna de estas pelis ¿no me van a decir que no se cuestionaron por un momento si todo el mundo que nos rodea es real…?

Yo, de hecho, ni siquiera estoy seguro de haber escrito este blog…

Christian Flavio Tasso